viernes, 6 de enero de 2017

Carmena cambia de camellos, por OKDiario

          Llego justo de tiempo a la Cabalgata porque el tráfico de Madrid es un sindiós. No culparé a Carmena por ello. Hoy no. Sí a las Navidades que (por fin) se acaban mañana. Me hago fuerte como mis 181 centímetros y mis anchas espaldas de cuarentón de gimnasio entre un grupo de chavalitos –y chavalitas, que diría un progre– de edades indeterminadas y alturas diversas. Les saco medio cuerpo a todos –y a todas– y una cabeza a sus padres –y madres–, que nunca jugarían en la NBA. Lo bueno de llegar (casi) tarde es que esto empieza ya.
          Arranca la Cabalgata de Carmena con algo tan podemita y tan hipster como ir en bici por la ciudad. Ya saben: coches caca, bicis buenas. Es un cansino circular, como una etapa neutralizada del Tour. Luego, la Policía a caballo, otro medio de transporte ecológico, con sus trajes de gala. Tras ellos, los bomberos, unos a pie y otros en coches de época, que nunca está de más por si la Cabalgata se pone calentita. Los primeros que arrojan caramelos a cascoporro. Pillo tres. Me como uno. De limón.

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